Memes
JdJ me reta a contar ocho secretos. Y recojo el guante porque siento por él admiración y cariño pero esto de los memes –que no tenía ni idea de que se llamara así- no me gusta nada.
Allá van mis ocho secretos:
No tengo secretos. Soy tan charlatana, me gusta tanto hablar y que me escuchen que no soy capaz de guardar un secreto. Y si me das un poco de coba te escribo el número de mi tarjeta de crédito en el dorso de la mano.
De pequeña adoraba la versión postal de los memes. Había que escribir una carta —ojo, manuscrita—, ponerla dentro de un sobre con una peseta y enviarla a un amigo. Si enviabas diez, la suerte te sonreía eternamente pero ay de ti si no lo hacías. Como no tenía la dirección postal de diez amigos se la mandaba varias veces a cada uno pero ellos me contestaban y entonces tenía que mandar diez más por cada una de las que me llegaba. Al final, me inventé direcciones postales pero el correo me las devolvía por desconocidas así es que aquello acabó convirtiéndose en una cadena interminable en la que solo participaba yo. Por eso, creo, odio los memes.
Nunca me leí el Señor de los Anillos. Tuve que mentir pero fue por una causa noble: amor verdadero. Él se lo había leído varias veces, se sabía casi de memoria ese tomazo infumable y me pareció que renegar de los hobbits y todos esos bichos podía acabar con una relación que casi no había empezado.
No soy una sirena. Ni un hada. Ni siquiera una bruja mala convertida en buena pero cada día imagino que soy uno de esos seres y que hago cosas maravillosas que salvan al mundo. O que gano un concurso, la lotería, un pasaje para la luna… Y por un rato soy el centro del universo.
Los hombres que miden menos de metro ochenta me parecen tapones. Vivo rodeada de altos y en eso me excuso pero la realidad es que me gusta sentirme pequeña.
Me gustan las pelis de acción y los telefilmes del domingo a la hora de la siesta. Van Damme, Stallone, Steven Seagal o el gobernador de California me ponen. Nadie es perfecto.
Nací con un trébol de cuatro hojas en el culo. La suerte me acompaña aunque no me lo merezca y aunque, por estadística, no me toque a mí.
Soy tremendamente mentirosa. Me invento historias y las cuento. Puede que estos ocho párrafos sean mentira. Puede que no.
Y no reto a nadie a seguirla porque me parece una putada. Eso sí, JB, —si me estás escuchando— me encantaría saber tus secretos. Y los de Yisus, pero está de vacaciones.
Allá van mis ocho secretos:
No tengo secretos. Soy tan charlatana, me gusta tanto hablar y que me escuchen que no soy capaz de guardar un secreto. Y si me das un poco de coba te escribo el número de mi tarjeta de crédito en el dorso de la mano.
De pequeña adoraba la versión postal de los memes. Había que escribir una carta —ojo, manuscrita—, ponerla dentro de un sobre con una peseta y enviarla a un amigo. Si enviabas diez, la suerte te sonreía eternamente pero ay de ti si no lo hacías. Como no tenía la dirección postal de diez amigos se la mandaba varias veces a cada uno pero ellos me contestaban y entonces tenía que mandar diez más por cada una de las que me llegaba. Al final, me inventé direcciones postales pero el correo me las devolvía por desconocidas así es que aquello acabó convirtiéndose en una cadena interminable en la que solo participaba yo. Por eso, creo, odio los memes.
Nunca me leí el Señor de los Anillos. Tuve que mentir pero fue por una causa noble: amor verdadero. Él se lo había leído varias veces, se sabía casi de memoria ese tomazo infumable y me pareció que renegar de los hobbits y todos esos bichos podía acabar con una relación que casi no había empezado.
No soy una sirena. Ni un hada. Ni siquiera una bruja mala convertida en buena pero cada día imagino que soy uno de esos seres y que hago cosas maravillosas que salvan al mundo. O que gano un concurso, la lotería, un pasaje para la luna… Y por un rato soy el centro del universo.
Los hombres que miden menos de metro ochenta me parecen tapones. Vivo rodeada de altos y en eso me excuso pero la realidad es que me gusta sentirme pequeña.
Me gustan las pelis de acción y los telefilmes del domingo a la hora de la siesta. Van Damme, Stallone, Steven Seagal o el gobernador de California me ponen. Nadie es perfecto.
Nací con un trébol de cuatro hojas en el culo. La suerte me acompaña aunque no me lo merezca y aunque, por estadística, no me toque a mí.
Soy tremendamente mentirosa. Me invento historias y las cuento. Puede que estos ocho párrafos sean mentira. Puede que no.
Y no reto a nadie a seguirla porque me parece una putada. Eso sí, JB, —si me estás escuchando— me encantaría saber tus secretos. Y los de Yisus, pero está de vacaciones.
5 comentarios:
Eres charlatana, eso no es mentira. Doy fe.
:-)
Ha merecido la pena que te retaran.
Ah, lo de las pelis de acción, a mi me relajan mucho. Nada como divagar viendo una ensalada de tiros y golpes despues de un duro día de trabajo...
Escéptico, es que como nos hemos visto poco tenía que contarlo todo de golpe.
Dani, si es que soy una floja y pico en todas.
Besos a los dos
Lo de mentirosa no estoy segura... Nos quieres dejar en el misterio...
De los únicos secretos de los que no me importaría hablar es de los que montaron los hermanos Urquijo. De los demás no puedo porque dejarían de serlo, así que seguiré guardándolos en el arcón donde congelo los cadáveres de mis ex.
Y no tienes ni idea de lo que es ser mentiroso de verdad.
Bss.
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